_¡Gracias Betito!
Posted: Enero 6, 2010 at 2:09 amHace algunos días, leí en la web del diario El Comercio unas declaraciones del productor de TV Efraín Aguilar –el popular ‘Betito’- respecto a la serie Al Fondo Hay Sitio. Al ser preguntado sobre el tiempo que la serie estaría al aire, este respondió que tras un año de emisión, el segundo año estaba asegurado e incluso un tercero también, pero nada más. Según el productor, en esta ocasión había decidido no abusar de los televidentes como en el caso de una serie anterior denominada “Así es la vida” que estuvo cinco años en el aire.
La respuesta me pareció descarada y me causó indignación. Es decir, ¿debemos agradecer al ‘Betito’ por no querer abusar esta vez de los televidentes y exponernos a su serie solo por tres años? ¡Qué considerado!
Si personas vinculadas a la televisión -como ‘Betito’-, reconocen abiertamente que decidieron sobreexponer a los televidentes a programas o series con argumentos forzados hasta el límite de lo absurdo y a pesar de observar un claro desmedro en el tiempo de la calidad de los contenidos (que por cierto no suelen ser los mejores desde el inicio), deberíamos tomar muy en cuenta la propuesta que, más de una vez, he escuchado del Dr. Marco Aurelio Denegri.
Si no recuerdo mal, básicamente sostiene que si para bien o para mal, la televisión se ha convertido en un producto de primera necesidad -como ciertos alimentos-, esta debería ser regulada, de alguna forma, por el Estado. La justificación es sencilla y bastante lógica: si en un mercado se detecta que se venden pollos podridos, el Estado, dentro de su rol de velar por la salud pública, debe intervenir.
De igual modo -y esto ya es una apreciación personal-, la transmisión en señal abierta de contenidos pobres, ridículos o estupidizantes, debería también ser regulada por el Estado en cumplimiento de su deber de velar por la salud pública (mental en este caso) de la población.
¿Por qué permitir la utilización de nuestras frecuencias para la transmisión de contenidos tontos, pobres, nocivos para el desarrollo mental o que contribuyen a la consagración de defectos y taras como si se tratara de cuestiones positivas? ¿No le estamos negando acaso la posibilidad a personas interesadas en utilizar estas mismas frecuencias para la transmisión de contenidos más provechosos o, por lo menos, menos nocivos?
El costo de oportunidad de la errónea decisión es altísimo y, lamentablemente, lo asumen los que menos chance tienen de elegir. Este costo se va acumulando en las cabezas de la gente, sobre todo de los más jóvenes, y en algún momento, se traducirá en ciudadanos menos pensantes, menos inteligentes, con menos valores o con valores distorsionados, con menos criterio, con menos capacidad de razonar, de avaluar, de decidir en forma correcta. ¿Quién pagará esa factura? ¿Betito?
_El Contreras
The Discussion
see what everyone is saying
stoy deacuerdo contigo! ya deberian sacar ese tipo de programas idiotas y sin gracia! de la tele.